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Biblia, Escuela Sabática
1 año atrás

A todos nos gustan los finales felices. Sin embargo, la historia de Jeremías no termina bien. Jerusalén es destruida, Gedalías brutalmente asesinado, el profeta de Dios ignorado, los judíos restantes desaparecen con Jeremías de regreso a Egipto. Toda la historia se desvanece en medio del sincretismo y la muerte.

Imagina a un pastor que predicó sermones evangelizadores toda una vida, visitó siempre a los miembros de su rebaño y cumplió fielmente sus deberes pastorales y que, sin embargo, nunca bautizó a una sola persona. ¡Qué desalentador! O piensa en el gran número de misioneros que dejaron sus vidas en húmedas selvas sin ver ningún resultado concreto de sus esfuerzos de toda la vida.